Por Diego Barahona A.
Es una tarde ocupada en la cocina de Alba Castano. Sus dos niños traen unas pequeñas cajas de papel, mientras ella coloca el relleno en varias empanadas, cuyo aroma llena el lugar. Su esposo le dice que se encargará de freír las últimas unidades, las cuales forman parte del pedido para una recepción, mientras tanto ella puede adelantarse y preparar la mesa donde se desplegarán en el evento. Se trata de un negocio familiar llamado El Sabor de Casa, que ofrece multicolores empanadas, al estilo venezolano. Este proyecto se lanzó formalmente hace tres meses en Charlotte, Carolina del Norte, en un contexto marcado por el endurecimiento de las medidas migratorias, que impactan directamente a su potencial clientela.
Los primeros seis meses de la administración del presidente Donald Trump se caracterizaron por un marcado endurecimiento de las políticas migratorias. Múltiples operativos de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en el área de Charlotte, especialmente entre mayo y junio, han afectado a los pequeños negocios que sirven a la comunidad inmigrante.
Por ejemplo, en Central Avenue, uno de los sectores más diversos de Charlotte debido a su alto número de inmigrantes, se encuentra Manolo’s Bakery, una panadería latina con casi tres décadas de historia. Manolo Betancur, su dueño, contó que el temor a las acciones migratorias del gobierno no solo ha traído una caída en sus ventas, sino que también afectó su fuerza laboral.
“La gente no está saliendo. Está asustada. Se han ido clientes y también empleados”, aseguró Betancur.
Sin embargo, en medio de esta realidad, Castano vislumbró una oportunidad: ofrecer antojitos tradicionales venezolanos, y llevarlos a donde está la gente. Vio que no era el momento para abrir un local, sino hacer paquetes con empanadas congeladas, o servirlas listas en ocasiones especiales y eventos.
De la certeza de la cocina a la incertidumbre de las ventas
Castano asegura que desarrolló su emprendimiento de empanadas inspirada en el amor hacia sus hijos y el deseo de mantener los sabores tradicionales de su tierra. Su familia viajó en busca de nuevos horizontes desde Barquisimeto hacia Carolina del Norte hace ocho años.
Curiosamente, la emprendedora asegura que no le gusta cocinar, pero que sus hijos adoran sus empanadas. Esto la motivó a experimentar con ingredientes naturales para crear empanadas multicolores. Por ejemplo, usa remolacha para teñir de rojo las empanadas de queso.

Las empanadas venezolanas se caracterizan por su masa de harina de maíz precocida, que les da una textura suave por dentro y crujiente por fuera al freírse. Además, suelen rellenarse con carne de res mechada, pollo, queso, o frijoles negros (caraotas para los venezolanos). Suelen servirse con salsas picantes, de ajo o mayonesa.
“Mis hijos me motivaron, me decían: ‘mamá, vende tus empanadas, inténtalo’. Por mucho tiempo medité en abrir el negocio y, con tanta cosa pensaba [si] lo hago o no lo hago. Y me dije que si no me atrevo ahora, entonces, ¿cuándo es el momento? Nunca va a ser el tiempo perfecto. Entonces me atreví, aquí estoy, realmente super feliz, con desafíos, pero contenta”, aseguró.
En estos tres meses, la respuesta de sus clientes ha sido excepcional, pasando de producir unas pocas unidades a proveer sus productos en grandes eventos. La clave, asegura, es la calidad del producto, y toda una red de personas que poco a poco comenzaron a recomendarla.
“No esperaba que a las personas les gustara tanto mi sazón, mi sabor a casa. No esperaba que la receptividad fuera tan increíble [y] ha subido con los días”.
Pequeñas empresas de inmigrantes latinos generan riqueza
Los inmigrantes latinos no son ajenos a emprender, incluso en circunstancias adversas, como las que trajo la pandemia del COVID-19 (2020-2021).
Los nuevos negocios, aquellos con menos de cinco años de antigüedad, crean un promedio de 1.5 millones de nuevos empleos cada año en Estados Unidos. Los latinos contribuyen a este motor: casi una de cada cuatro nuevas empresas son propiedad de latinos, lo que representa casi cinco millones de empresas latinas. Ello representa un aporte de más de $800,000 millones a la economía estadounidense anualmente, según cifras de la Administración de Pequeñas Empresas.
En un período de cinco años, los negocios propiedad de latinos crecieron un 44%, acompañado de un aumento del 36% en sus ingresos totales. En ese mismo período, el número de negocios propietarios blancos disminuyó en un 3 %.
“A pesar del entorno económico desafiante, los negocios propiedad de latinos han mantenido una expansión constante en cantidad, ingresos y fuerza laboral. Sin los latinos, no habría habido un crecimiento neto de nuevos negocios durante la pandemia”, concluye el reporte 2024 sobre el Estado del Emprendimiento Latino de la Stanford Graduate School Of Business.
En Carolina del Norte, el número de empresas propiedad de personas negras y latinas se disparó casi un 65 % entre 2017 y 2022. En comparación, el crecimiento de las empresas propiedad de personas blancas fue un modesto 5% durante el mismo período, según el Departamento de Comercio del estado.
Hay aproximadamente 84,756 empresas propiedad de latinos en Carolina del Norte, de acuerdo con un informe detallado del 2024 de la Administración de Pequeñas Empresas, que incluye 78,500 empresas sin empleados y 6,256 con empleados.
Empanadas “hechas con masa y alma”
Alba Castano no solo imprime su sazón a sus empanadas y salsas, asume múltiples roles en El Sabor de Casa. Incluyendo selección de ingredientes, mercadeo y redes sociales. Su esposo David Vásquez también ayuda en la cocina, en la distribución del producto y en la logística.

“Hago todo sola, desde la etiqueta hasta la comida y el empaquetado, todo. Mis hijos y mi esposo me ayudan. Somos un equipo. Somos cuatro, es una empresa familiar”, asegura Castano, con una sonrisa.
Pese al clima complejo en el que vive la comunidad, particularmente los inmigrantes venezolanos tras la eliminación del TPS y el endurecimiento de los procesos de asilo, Castano procura no escuchar malas noticias, rodearse de personas positivas, y navegar los desafíos con una dosis de optimismo. Cree que sus productos le pueden traer a sus clientes un reconfortante momento de alegría, sabor y nostalgia.
“El desafío, la parte más complicada, es administrar el tiempo. Ser mamá emprendedora, ama de casa, esposa. Creo que si no lo intentas, ¿cómo vas a saber lo que puedes lograr?”, asegura.
Por ahora, la emprendedora solo se imagina el impacto de expandir su negocio si las condiciones económicas y políticas cambian en favor de los emprendedores inmigrantes.



