Por Ashley Quincin / La Raza
Las familias latinas en Chicago y en muchas regiones de Estados Unidos sienten el estrés de las redadas migratorias y de la actividad de agentes de inmigración en sus comunidades. Lo resienten no solo en su vida diaria, sino también en su salud.
Expertos en salud pública y sociología destacaron este problema durante un seminario web organizado por SciLine, una organización sin fines de lucro que conecta a periodistas con expertos científicos.
“Las barreras para los inmigrantes están integradas en nuestro sistema de salud en Estados Unidos”, dijo María-Elena Young, profesora asociada de salud pública en la Universidad de California en Merced.
Durante décadas, muchos no ciudadanos no han sido elegibles para programas financiados por el gobierno federal, como Medicaid y SNAP. Cada vez más, también enfrentan el miedo a la deportación u otras acciones de aplicación mientras intentan acceder a la atención médica.
“Lo que algunas de mis investigaciones han mostrado a lo largo de EEUU es que, para los no ciudadanos que viven en estados que no han expandido [la cobertura de Medicaid o SNAP del] estándar federal, que no tienen esos beneficios fácilmente disponibles para los no ciudadanos, y que además colaboran con agencias federales de inmigración, en esos estados vemos niveles más bajos de personas con seguro de salud y un menor acceso a la atención médica para los no ciudadanos”, explicó Young.
Las infancias, las más vulnerables
Evitar o no tener acceso a la atención médica puede tener consecuencias a largo plazo, señalaron los expertos. Saltarse cuidados preventivos, visitas prenatales o chequeos rutinarios puede derivar en peores resultados de salud con el tiempo. Los efectos no se limitan a los adultos: los niños son especialmente vulnerables. La investigación muestra que cuando las madres latinas evitan la atención prenatal por miedo, por ejemplo, a ponerse en riesgo de ser identificadas por Inmigración u otras razones, los bebés tienen más probabilidades de nacer con bajo peso, y esos problemas de salud tempranos pueden persistir durante la infancia e incluso afectar el desempeño educativo.
“Lo crítico de esta investigación es que se ha demostrado que afecta no solo a los niños, que ellos mismos son indocumentados o cuyos padres lo son, sino también a quienes asisten a escuelas o viven en comunidades donde estas acciones ocurren”, dijo Young. “Es una preocupación importante para el bienestar de los niños cuando están en estos ambientes de vigilancia intensificada”.
Impacto en la salud mental
El impacto en la salud mental es igualmente significativo. El miedo a la deportación, presenciar arrestos o conocer a alguien que ha sido detenido genera estrés que se extiende por familias y comunidades, dijo Young.
Incluso los niños nacidos en Estados Unidos que viven en hogares con distintos estatus migratorios se ven afectados, mostrando mayores niveles de ansiedad, ausentismo y malestar general, explicó Cecilia Menjívar, profesora de sociología en UCLA.
“Mi investigación muestra que las comunidades inmigrantes en Estados Unidos han tenido un contacto extenso con el sistema de inmigración, y ese contacto se relaciona con peores resultados de salud”, agregó Young.
Las presiones económicas agregan otra capa de riesgo. La pérdida de empleo en sectores con alta población inmigrante, como construcción, agricultura, hospitalidad y servicios de apoyo en salud, obliga a muchas familias a trabajos precarios o informales, a menudo con bajos salarios y sin beneficios, explicó Menjívar. También agregó que la presión financiera se siente ampliamente, ya que muchos inmigrantes envían dinero a familiares en el extranjero.
“No solo contribuyen económicamente a sus familias aquí, apoyando a sus hijos, sino también a padres, hijos y familias allá en su país de origen”, dijo Menjívar. “Así que los efectos repercuten también a través de las fronteras”.
Los investigadores también encontraron que cuando los inmigrantes se preocupan por perder su autorización de trabajo o su empleo debido a la aplicación de leyes migratorias, reportan peores niveles de salud.
“Hay un impacto absoluto a largo plazo en la salud mental y física a partir de estas formas de precariedad”, dijo Young. “Es, en esencia, crear inestabilidad que dificulta que las personas se mantengan saludables y prosperen”.
Ciudades Santuario
Las políticas locales y los sistemas de apoyo pueden ayudar, pero la protección varía. Las medidas de santuario en algunas ciudades limitan la cooperación entre autoridades locales y agentes federales de inmigración. En Chicago, la Ordenanza de Ciudad de Bienvenida (Welcoming City Ordinance) prohíbe que la policía colabore con agentes federales en redadas, detenciones o acciones civiles de aplicación de la ley.
Aun así, tanto Young como Menjívar señalaron que, aunque estas políticas ayudan a proteger a los residentes, el clima general de tensión por las redadas y acciones de las autoridades de inmigración sigue afectando la salud física y mental, no solo de inmigrantes y familias indocumentadas, sino también de ciudadanos nacidos en Estados Unidos.
“Los efectos no solamente se enfocan en las personas indocumentadas sino que van mucho más allá: no solamente en familias inmigrantes donde hay personas de diferentes estatus legales, sino que también pasa el efecto a personas nacidas en Estados Unidos”, dijo Menjívar. “Creo que eso no ha recibido la atención que se necesita”.



