Por Yuliana Montiel / La Noticia
Rosalía Torres-Weiner siempre soñó con convertirse en artista. Sin embargo, puso ese anhelo en pausa para emigrar de México y ofrecer un futuro mejor a sus hijos. Más tarde, al retomar su pasión por el arte y ser testigo de las numerosas familias separadas por las deportaciones, asegura que comprendió el verdadero significado del activismo. Desde entonces, se dedica a canalizar su compromiso social a través de su talento artístico.
Un sueño que emigró de Xochimilco a Charlotte
Rosalía es de Xochimilco, uno de los municipios de la Ciudad de México. Relata que desde pequeña soñaba con convertirse en artista, pero las circunstancias la llevaron a estudiar Administración de Empresas. Posteriormente, para ofrecer mejores oportunidades a sus hijos, se vio obligada a emigrar y comenzar desde cero. Fue así como, a mediados de los ochenta, llegó a California y 10 años después a Charlotte, Carolina del Norte.
Durante sus primeros años trabajó en la industria de la limpieza y como asistente de vuelo. Luego de realizar distintos oficios y ver que sus hijos eran adultos, encontró la oportunidad de retomar sus sueños de infancia: convertirse en una artista.
Sus primeros pasos fueron en el arte comercial, pintando bodegas y murales. Pero pronto se dio cuenta de que su arte podía tener un propósito mucho mayor. Al ser testigo de cómo las deportaciones separaban a familias inmigrantes y el sufrimiento que dejaban en la comunidad, decidió usar el arte como una forma de contar las historias de los inmigrantes.
Su arte transforma diferentes rincones de Charlotte
Entre el 2011 y el 2012, desarrolló el Proyecto Papalote, por medio del cual quería mostrar la historia de miles de niños que terminan separados de sus familias por las deportaciones. Además, de generar conciencia sobre el impacto de las políticas migratorias en la comunidad.
A través de este proyecto, realizó exposiciones de arte como “El papalote mágico”, una producción audiovisual, talleres de arte como terapia infantil para niños afectados por la deportación de un familiar y su primer mural, ubicado en 4405 Central Ave, Charlotte, NC 28205.

“Ese fue mi primer mural representando a los niños huérfanos por las deportaciones y por la separación de familias. Recuerdo que el cónsul de México vino de Raleigh para la dedicación y eso fue algo grande porque la comunidad empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando por las deportaciones. Tenía que continuar educando a mi gente en Charlotte y fue cuando literalmente tiré mi pincel y dije: ‘Ya no voy a hacer arte comercial, voy a hacer activismo y decir las historias de mi gente‘”, dijo a La Noticia.
Muchas de las obras de Rosalía se encuentran distribuidas en diversas paredes de Charlotte, desde el tributo a “Nuestra Señora de Guadalupe” en el restaurante Tacos El Nevado de la Central Avenue hasta su mural más reciente “Las palabras importan”, como homenaje a las víctimas del acoso escolar y el racismo. Este está ubicado en 201 W Arrowood Rd, Charlotte, NC 28217.

“El arte que nosotros hacemos como activistas tiene poder”
Para Rosalía, pintar es la oportunidad de escuchar a la comunidad, conectar con sus emociones y transmitirlas a través de sus obras. Se trata de una combinación entre el arte y su activismo. Por esta razón, se autodenomina como una “artivista”.
“El arte que nosotros hacemos como activistas tiene poder. A través de ellas representamos las historias de nuestra comunidad, le damos voz a nuestra gente”, añadió.
A mediados de noviembre de 2025, durante la operación Charlotte’s Web, que dejó a más de 1,300 inmigrantes detenidos, Rosalía improvisó, por su cuenta, un estudio en los alrededores de tiendas de Home Depot, donde inició una de sus pinturas que convirtió en un acto de resistencia, incluyendo en ella a dos trabajadores inmigrantes que fueron detenidos.
“Él es un jardinero y ella es una dama que se dedica a limpiar casas. Los conozco desde hace muchos años. Él es un cliente muy frecuente de la tienda, por eso la coloqué, al igual que sus gafas y el recibo. También les coloqué las herramientas con las que trabajan porque eso es lo que hacen, trabajar, y los vestí con colores y accesorios de nuestra cultura, porque siento que esta administración no solo nos quiere deportar a nuestro país, también quiere deshacerse de nuestra cultura”, describió.

Arte sobre ruedas: “A veces sí me da miedo, pero le sigo”
Rosalía relata que con su arte, quiso incluir las historias de trabajadores inmigrantes que, como sus amigos, arriesgan sus vidas a diario para mantenerse en el país, y que, a pesar de su contribución esencial a la economía local, siguen siendo tratados como invisibles.
Actualmente, lejos de quedarse en su estudio, Rosalia viaja por distintos espacios públicos con su camión “Red Calaca Studio”, donde lleva algunos de sus cuadros y obras representativas de inmigrantes. Cuenta que, a pesar de ser una figura reconocida, no ha estado exenta de dificultades, como recibir rechazo y amenazas por su activismo.
“He recibido mensajes de odio, algunos que dicen ‘vete a tu México’. Mis compañeros me preguntan: ‘¿No te da miedo compartir estas historias?’. A veces sí me da miedo, pero le sigo”, contó.
Añadió: “Pienso que le he seguido al activismo desde el principio, pero ahora más. De hecho, me salí de dos mesas directivas porque quería estar y hacer algo por mi comunidad. Estoy representando a nuestra comunidad, cómo es resiliente, fuerte, se protege, es parte de la economía, contribuye y sueña”.



