Sequía en Colorado
Este abril Colorado sufre una de las sequías más agresivas de su historia reciente. / Credit: El Comercio de Colorado

Redacción El Comercio de Colorado

Colorado se encuentra en el epicentro de una crisis climática que ha dejado de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana y asfixiante. Al 5 de abril de 2026, el panorama es crítico.

El 74.3% del territorio estatal presenta niveles alarmantes de estrés hídrico. Esta situación no es producto de una temporada aislada, sino el resultado del inicio de año hídrico más caluroso en los 131 años de registros del Colorado Climate Center, sumado a una acumulación de nieve que se sitúa en sus niveles más bajos en cuatro décadas.

El corazón de la crisis reside en las cumbres de las Montañas Rocosas. Hidrólogos de la región han confirmado que este invierno ha sido el más seco en cuanto a humedad de nieve desde que comenzaron los registros estatales en 1941. La nieve, que tradicionalmente actúa como una «batería de agua» que se libera lentamente durante la primavera, alcanzó su punto máximo un mes antes de lo previsto y con apenas la mitad de la humedad promedio.

Maureen Gutsch, hidróloga del Departamento de Agricultura de EE. UU., describe la situación como «deprimente». Sin la cobertura de nieve necesaria en las cabeceras del río Colorado, el suministro para millones de personas en el oeste de los Estados Unidos está en vilo. Esta escasez ha forzado al gobernador Jared Polis a activar el Grupo de Trabajo contra la Sequía y elevar la alerta a la Fase 2 del Plan Estatal de Respuesta, una medida de coordinación gubernamental que no se implementaba desde el año 2020.

Impacto en zonas de producción de ganado

Para quienes viven en las cuencas altas, como los ganaderos de North Park, la sequía es una amenaza existencial inmediata. Philip Anderson, ganadero de la zona, entrevistado por AP, relata que nunca había visto un calor tan temprano sin nieve en todo el invierno. La falta de humedad impide que el pasto crezca lo suficiente para alimentar al ganado, obligando a los productores a utilizar sus reservas de heno antes de tiempo o incluso a vender sus hatos, como ya ocurrió en la histórica sequía de 2002.

El conflicto por los derechos de agua se intensifica

En el sistema de leyes de Colorado, quienes poseen derechos de agua «senior» (más antiguos) tienen prioridad. «Muchos de los que están más cerca de las montañas tienen que dejar pasar el agua para que la usen quienes tienen derechos más antiguos», explica Anderson. Esta competencia por un recurso cada vez más escaso ha llevado a los estados de la Cuenca Alta y Baja del Río Colorado a un punto muerto en las negociaciones para nuevas reglas de gestión, con la amenaza de litigios legales en el horizonte.

Implicaciones en Denver y el área metropolitana

La crisis ha descendido de las montañas a las ciudades. Denver Water emitió una declaratoria de sequía en etapa 1 el pasado 25 de marzo, imponiendo restricciones obligatorias por primera vez desde 2013. El objetivo es reducir el consumo en un 20% para proteger embalses críticos como el Dillon, que actualmente se encuentra al 76% de su capacidad. Los residentes de la capital ahora deben limitar el riego exterior a un máximo de dos días por semana y tienen prohibido usar aspersores entre las 10:00 a.m. y las 6:00 p.m. para minimizar la evaporación.

El sector comercial también enfrenta nuevas normas, como servir agua en restaurantes solo bajo petición, mientras que el desperdicio del recurso puede acarrear multas de hasta 500 dólares. Otras municipalidades han seguido el ejemplo o han ido más allá. La localidad de Erie ha declarado una emergencia de suministro de etapa 4, suspendiendo totalmente el riego en espacios públicos. Por su parte, Aurora se encuentra bajo vigilancia y planea activar restricciones similares a partir del 8 de abril.

La adaptación al paisaje xerófilo

Expertos y autoridades coinciden en que la solución a largo plazo requiere un cambio profundo en la estética y funcionalidad de los hogares. Ante la activación de la Fase 2 del plan estatal, la recomendación principal es la transición hacia jardines adaptados al clima seco o xerófilo.

Especies nativas como el Penstemon de las Rocosas y la Gaillardia se presentan como alternativas viables, ya que poseen raíces profundas capaces de buscar humedad en condiciones de sequía severa.

Asimismo, la sustitución del césped tradicional por gramíneas nativas como el «Blue Grama» o el «Buffalo Grass» permite que el paisaje permanezca latente durante los periodos de calor extremo sin morir, eliminando la necesidad de riego constante durante las horas de mayor evaporación. La implementación de estas especies, complementada con el uso de mantillo (mulch) para retener la humedad, no es solo una medida de ahorro, sino una estrategia de supervivencia frente a un futuro donde el calor récord y la escasez de nieve podrían dejar de ser la excepción para convertirse en la regla.

Como advierte Nathan Elder de Denver Water: «Es hora de centrar nuestra atención en preservar lo que tenemos».

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