Por Roxana de la Riva / La Prensa de Orlando
Desde Polonia, donde las huellas del Holocausto aún obligan a reflexionar sobre las consecuencias del odio, expertos advierten sobre procesos más silenciosos y prolongados: la forma en que se construyen estigmas sociales que, poco a poco, deterioran la percepción pública de comunidades enteras.
En medio de la polarización actual y del debate global por la guerra entre Israel y Gaza —y las tensiones posteriores con Irán— analistas señalan que la crítica legítima a políticas gubernamentales puede derivar, sin matices, en narrativas que generalizan y alimentan prejuicios.
Yoel Schvartz, historiador, sociólogo y educador especializado en historia judía moderna y estudios del Holocausto, subrayó que el antisemitismo contemporáneo es un fenómeno complejo que pone a prueba la capacidad de las democracias para convivir con la diversidad.
“La historia demuestra que se comienza con los judíos, pero luego se extiende a otros grupos. Ninguna democracia está a salvo si el antisemitismo prospera”, advirtió. Según el especialista, una de las señales más preocupantes es cuando se señala y responsabiliza colectivamente a los judíos por problemas complejos, una dinámica que históricamente ha afectado a esta comunidad y que resurge en el contexto de los conflictos en Medio Oriente.
El experto explicó que uno de los puntos más sensibles es la delgada línea entre la crítica legítima al Estado de Israel y los discursos que reproducen estereotipos. Cuestionar decisiones políticas forma parte del debate democrático, pero el problema surge cuando esas críticas derivan en generalizaciones, teorías conspirativas o en la atribución de responsabilidad colectiva a los judíos, ignorando la diversidad dentro de la propia comunidad.
Estas narrativas se amplifican en redes sociales, donde las “burbujas” informativas, la desinformación y el anonimato facilitan la difusión de mensajes simplificados. El fenómeno tiende a intensificarse en momentos de crisis económica, política o social, cuando aumenta la búsqueda de culpables.
Estas dinámicas se consolidan gradualmente mediante discursos simplificados, mensajes repetidos en redes sociales y posturas absolutas impulsadas desde distintos sectores ideológicos. Con el tiempo, advierten, ese lenguaje contribuye a normalizar estereotipos y a erosionar la presencia social de ciertos grupos.
El desafío para los latinos en EE.UU. hoy
Para comunidades latinas que participan activamente en debates sobre derechos humanos, el desafío radica en distinguir entre el análisis político del conflicto y las expresiones que, aun sin intención explícita, pueden reforzar prejuicios históricos.
Polonia ofrece un recordatorio contundente. Invadida por la Alemania nazi, el país fue escenario de la creación de guetos, campos de concentración y centros de exterminio que evidencian hasta dónde puede llegar una sociedad cuando el rechazo hacia determinados grupos se normaliza.
Durante una visita educativa y periodística centrada en la memoria del Holocausto, historiadores, sobrevivientes y periodistas coincidieron en que el aumento del antisemitismo y la polarización global exige una lectura más profunda del pasado, no solo como recuerdo histórico, sino como advertencia.
Las advertencias adquieren un rostro humano en testimonios como el de la sobreviviente del Holocausto Irene Shashar. Nacida en Varsovia en 1937, vivió la ocupación nazi en el gueto, donde su padre fue asesinado por las SS. Junto a su madre, logró escapar por el alcantarillado hacia la llamada zona aria y pasó el resto de la guerra escondida.
Con el tiempo, Shashar se convirtió en académica y, tras jubilarse de la Universidad Hebrea de Jerusalén, decidió compartir su historia en el libro “Yo vencí a Hitler”.
“Sentí que, como sobreviviente, tenía la responsabilidad de hablar”, dijo. Para ella, el pasado sigue siendo una advertencia vigente. “No aprendemos de la historia. El antisemitismo y el antisionismo siguen existiendo”, afirmó.
Otro testimonio que aporta una mirada generacional distinta es el del periodista Ofer Laszewicki Rubín, nacido en Haifa en 1988 y criado entre Israel y España. Sus abuelos sobrevivieron a múltiples campos de concentración, incluido Auschwitz-Birkenau, y su historia familiar lo llevó a reflexionar sobre la memoria del Holocausto desde una perspectiva contemporánea. “Lo importante no es repetir lo que ya sabemos, sino entender cómo nos afecta hoy”, señaló.
Laszewicki Rubín también ofreció una visión crítica sobre la realidad actual, al afirmar que la memoria del Holocausto no debe utilizarse para justificar cualquier política o acción militar. Ha expresado desacuerdo con una guerra prolongada contra los palestinos y ha defendido la necesidad de diferenciar entre la seguridad de Israel y las consecuencias humanitarias del conflicto. Su postura refleja un debate interno presente en sectores de la sociedad israelí y judía internacional, donde conviven posiciones diversas frente a la guerra y la política del gobierno.

Encuestas muestran un amplio respaldo entre la población judía israelí a operaciones militares contra Irán, reflejando un clima de inseguridad persistente. Sin embargo, analistas advierten que ese contexto también alimenta la polarización internacional y discursos que, en ocasiones, derivan en generalizaciones contra comunidades judías fuera de Israel.
Para Schvartz, ese es uno de los riesgos más preocupantes. “No es un problema exclusivo de los judíos. Es un desafío para toda la sociedad. Si las democracias no entienden esto, ponen en riesgo su propia salud”, advirtió.
Los expertos coinciden en que el crecimiento del antisemitismo no puede analizarse aislado del contexto global. Luego llegó un momento catastrófico para el Estado de Israel. El ataque del 7 de octubre del 2023. Tras casi tres años de conflicto en múltiples frentes, el trauma por la masacre de Hamas en el sur de Israel —donde 1,200 personas fueron asesinadas y 251 secuestradas— continúa influyendo en la percepción de seguridad del país.

El primer ministro Benjamin Netanyahu, cuestionado internamente por el fallo de seguridad que permitió el ataque, ha defendido una estrategia enfocada en neutralizar amenazas regionales, particularmente el programa nuclear iraní y las milicias aliadas a Teherán.
Desde Polonia, donde la memoria del Holocausto permanece presente, la advertencia se repite. Los procesos de exclusión no comienzan con la violencia extrema, sino con palabras, prejuicios y estigmas que, con el tiempo, erosionan la convivencia. La lección, señalan quienes recorren estos lugares, no es solo recordar el pasado, sino reconocer las señales del presente y la responsabilidad colectiva de evitar que esas dinámicas vuelvan a repetirse.



