Por Ángel Pedroza / El Comercio de Colorado
Laura Vargas, profesora asistente de psiquiatría en el University of Colorado Anschutz Medical Campus, se describe como “una mujer mexicoamericana bicultural y binacional”, cuyas experiencias de vida influyen profundamente en su investigación. Nacida y criada en México antes de realizar toda su educación superior en Estados Unidos, enfoca su investigación en el trauma, la violencia armada y la salud mental de los inmigrantes latinos. Enfrentó estas temáticas por primera vez durante un periodo decisivo trabajando en Ciudad Juárez.
Recuerda haber llegado a esa ciudad cuando era considerada “la más violenta del mundo”, una experiencia que transformó su comprensión de cómo la violencia afecta a sociedades enteras. “La violencia que vi en Ciudad Juárez fue… un fenómeno que cambió la vida de toda una ciudad”, explica. No se trataba solo de los asesinatos, sino del colapso de la vida cotidiana. Los negocios cerraban y la gente se quedaba en casa. Entendió que la violencia desestabiliza todo, desde la salud hasta la educación y la experiencia de migración.

El trauma pasa de una generación a otra
En su investigación, Vargas ahora examina cómo el trauma se traslada a través de las fronteras y de las generaciones. La psiquiatra describe el trauma como algo acumulativo, comparándolo con “una pequeña bolsa a la que le vas poniendo piedritas… hasta que llega un punto en que ya no puedes caminar por el peso”. Para muchas familias latinas, dice, el trauma se hereda no solo a través de historias, sino también mediante el silencio.
Los hijos nacidos en Estados Unidos quizá no hayan vivido las experiencias de sus padres o sus abuelos, pero “la llevan consigo… sabes por lo que pasaron ellos”. Sanar, enfatiza, requiere reconocer el trauma en lugar de enterrarlo. Para la psiquiatra, romper ese “silencio profundo” es el primer paso esencial para detener el ciclo de dolor y comenzar la sanación familiar.
Violencia con armas, una crisis de salud pública
Vargas también participa en conversaciones nacionales sobre la prevención de la violencia armada, incluido un foro en la Casa Blanca y una cumbre organizada por el Journal of the American Medical Association. Subraya que la violencia con armas de fuego es una crisis de salud pública y señala que las armas son “la principal causa de muerte entre niños y jóvenes” en Estados Unidos y México.
Vargas identifica la prevalencia de las armas de fuego en los Estados Unidos como un factor determinante que agrava la crisis de salud mental en los jóvenes latinos. Ella explica que para muchos estudiantes inmigrantes existe una «doble victimización»: vienen huyendo de entornos violentos en sus países de origen para encontrarse con una amenaza constante de tiroteos en sus escuelas y comunidades actuales.
Según la especialista, esta realidad mantiene el sistema nervioso de los jóvenes en un estado de «hipervigilancia» o alerta permanente. “Vivir bajo la sombra de la violencia por armas genera un estrés tóxico que impide que el cerebro del joven procese traumas anteriores, ya que se ve obligado a permanecer en un modo de supervivencia constante para enfrentar los peligros del presente”, dijo la psiquiatra. Para Vargas, esta es una barrera directa que fractura la estabilidad emocional y el desarrollo académico de las nuevas generaciones.
Nuevos migrantes a EE.UU.: no se van por elección, sino como escape
Un proyecto reciente llevó a Vargas hasta la frontera entre Estados Unidos y México. Esta psiquiatra llegó hasta allá para entrevistar a migrantes recién llegados de América Latina y el Caribe. Describe estos encuentros como algunos de los momentos más significativos de su carrera. “Los migrantes compartieron historias de secuestros, ahogamientos, amenazas armadas y cruces peligrosos”, nos dijo.
Vargas continuó: “Un padre me contó que su hijo había visto personas ahogarse… cuando el río crecía y se llevaba a la gente”. Sin embargo, pese a estas vivencias, muchos mantenían su humanidad y hasta le decían: “Gracias. Que Dios la bendiga”, un gesto que la conmovió profundamente. Uno de sus hallazgos más notables es que la mayoría de los migrantes no huyen por elección, sino por una violencia que ya ha fragmentado su salud mental antes de salir de su país.
Estas entrevistas revelan que el trayecto migratorio añade nuevas capas de trauma. La implicación principal de su investigación es que el sistema de salud en EE. UU. no puede limitarse a tratar síntomas aislados; debe reconocer que el paciente migrante vive en un estado de alerta constante debido a la falta de recursos básicos y al miedo a la deportación, factores que ella identifica como detonantes de crisis severas de ansiedad.
La educación, el mejor antídoto contra la prevalencia del trauma
Esta psiquiatra ayuda también para que los jóvenes pueden transformar su realidad y dejar atrás el peso de las «piedras» generacionales. Vargas guía a estudiantes desde la secundaria hasta la universidad, muchos de ellos jóvenes latinos de primera generación que navegan sistemas académicos desconocidos. “No puedo decir que los estoy guiando, pero sí puedo decir que los estoy validando”, señala.
Ayuda a estudiantes y a sus familias a comprender la ayuda financiera, las rutas educativas y las tensiones culturales que surgen cuando los jóvenes acceden a oportunidades que sus padres nunca tuvieron. Ver el éxito de sus mentoreados, como uno que obtuvo una beca universitaria completa, es una de las partes más esperanzadoras de su labor. Vargas trabaja con la convicción de que el trauma puede reconocerse, comprenderse y transformarse, y de que la esperanza persiste incluso en las circunstancias más difíciles.



