Por Fernando Martínez / El Diario NY
Apenas llegó a la ciudad de Nueva York en diciembre de 1973, el dominicano Marcelino Domínguez empezó desde cero a trabajar en restaurantes mexicanos del Bajo Manhattan. Entre pimientos, chiles, tortillas y especias particulares, vivió una especie de revelación. Luego de 15 años, cuando alcanzó la posición de chef, empezó a trazar más claramente la meta que se había impuesto, desde que desembarcó en su natal Jarabacoa, en la provincia de La Vega: levantar su propio negocio, crear su propio menú, idear sus propios cocktails… todo lo demás es una historia sazonada, entre días y noches de intenso trabajo.
“Desde que pisé este país, yo me dije que no quería ser toda la vida un empleado. Soñaba con tener mi propio negocio”, dijo. Así nació hace 40 años el restaurante Montezuma, en el vecindario de Kingsbridge, en El Bronx, un negocio familiar de comida azteca con sello quisqueyano, que a pesar de las mareas altas y bajas que han tenido que enfrentar estos emprendimientos gastronómicos, se ha mantenido firme.
Marcelino, evidentemente orgulloso de su origen dominicano, también lo está de lo que describe como «las mejores margaritas» que se sirven en Nueva York y de la concepción de un menú que durante décadas ha fusionado la autenticidad ancestral de los platillos mexicanos con la marisquería caribeña.
“Nunca hemos bajado la calidad de los ingredientes. Y somos muy honestos. Si decimos que le vamos a servir un tequila u otro licor, le garantizamos que no está mezclado con nada”, subrayó.
«Una peste mayor»
No ha sido nada fácil mantenerse cuatro décadas en la escena gastronómica de la ciudad con la más feroz competencia del mundo. Ahora aparecen nuevos escenarios que como este quisqueyano lo expresa, no solo afectan a su negocio, sino a la industria de los restauranteros como un todo.
“Si hacemos un balance, ni siquiera los meses de la pandemia fueron tan malos como los que hemos vivido en los últimos meses. Murió mucha gente. Aquí en El Bronx fue terrible. Pero ahora enfrentamos una situación política y económica que es una peste mayor”, expresó.
El quisqueyano refiere que el miedo que han despertado las amenazas de redadas ha alejado a muchos inmigrantes, pues muchas personas han preferido mantenerse resguardadas y no gastar en entretenimiento, ante la paranoia de que en algún momento llegue La Migra.
Marcelino recuerda que hace algunos años, sus clientes, en un 80% isleños, esperaban hasta dos horas por una mesa. La facturación era suficiente para mantener a muchos empleados. Ahora el pasado mes de enero se vio en problemas para cubrir los gastos mensuales. Y a mediados del año pasado, tomó la dolorosa decisión de reducir el 50% de la nómina.
“Como emprendedor de un negocio familiar que he levantado y he mantenido con mucho esfuerzo, con el apoyo de mi esposa, mi hijo y mis tres hijas, puedo asegurar que vivimos hoy los momentos más complicados. Por eso estamos viendo que restaurantes como el nuestro, de 40, 50 y 60 años, están cerrando. Nosotros estamos haciendo milagros para no tener esa misma suerte”, reconoció.
Quisqueyanos se están devolviendo
El empresario isleño, quien con 75 años de edad, dedica entre 10 y 12 horas diarias a atender todos los detalles de su negocio, aclara que no es fatalista. Ante los desafíos económicos e inflacionarios que deben enfrentar los emprendedores comerciales, estima que en los próximos años muchos de sus paisanos que levantaron sus negocios en la Gran Manzana se seguirán devolviendo a la isla.
Marcelino ha sido testigo de cómo los rigores financieros de rentas comerciales por los cielos y los escasos incentivos fiscales han generado una gran presión psicológica. En consecuencia, centenares de empresarios dominicanos se están regresando a la isla, luego de haber edificado por años negocios en la Gran Manzana.
“Nosotros somos una parte importante del crecimiento de esta ciudad. Como orgullosamente dominicano te puedo decir sin equivocarme, ni exagerar, que gran parte de esta ciudad la hemos levantado nosotros. Pero lo que vemos es que muchos empresarios pequeños, medianos y grandes están regresando a tener una vida más tranquila. No viven allá como millonarios, pero tienen vida”, aseguró.
«El sueño ya no existe»
A juicio del emprendedor gastronómico actualmente hay una realidad económica que está arrasando con los pequeños negocios, porque todo pareciera concebido para favorecer solo a las grandes corporaciones.
El empresario dominicano, quien además fue miembro de la Cámara de Diputados de su país por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) entre 1998 y 2006, al ser consultado, sugiere de manera categórica a las nuevas generaciones que actualmente contemplan o tienen la intención de emigrar a Estados Unidos que en el presente «un migrante no tiene nada que buscar» en este país.
Añade que la nación a la que arribó hace cinco décadas, donde se acogía el denominado «sueño americano», sencillamente ha dejado de existir.



