Por Dayana Medina / El Comercio de Colorado
Mitla, Oaxaca, es un pueblo donde el hilo no solo se teje, sino que se hereda. Allí, entre telares, cántaros de tintes y rezos a media tarde, Rodrigo Hernández Quero y su esposa Reyna mantienen viva una tradición textil que ha pasado de generación en generación. Su más reciente pieza, una manta devocional dedicada a la Virgen de Guadalupe, viajó a Denver y es la protagonista de una exposición que permanecerá abierta al público hasta el 11 de enero de 2026 en el Museo de las Américas.
No es una pieza cualquiera. En realidad, esta manta es un homenaje, una oración hecha puntada, paciencia y memoria. Rodrigo encabeza el taller familiar, pero insiste en que aquí los roles no importan. “Antes decían que esto era trabajo de mujeres; hoy lo hacemos hombres, mujeres, jóvenes. Lo importante es que no se pierda”, explicó en una breve conversación durante la inauguración de la muestra “Rosas y Revelaciones: Homenaje a la Virgen de Guadalupe”.

La técnica detrás del milagro tejido
Su voz arrastra ese orgullo sereno de quien sabe que cada hilo que sostiene un oficio también sostiene una historia. Aprendió de su hermano, quien a su vez lo aprendió del suyo y así, hacia atrás, como las grecas zapotecas que son infinitas. La manta exhibida destaca por su fineza y por la claridad con la que la figura guadalupana emerge sobre una trama simétrica y delicada. No se trata de un bordado común, sino de trabajo en encaje tipo filet, técnica que forma una malla cuadriculada donde la imagen aparece al rellenar o vaciar cuadros para “dibujar” figuras.
Cada punto es intencional, cada espacio en blanco es parte de la composición. Para lograrlo, Rodrigo y Reyna utilizaron hilo fino y meses de trabajo entre tejido, conteo, deshilado y retoque. Las manos avanzan siguiendo un patrón invisible para el ojo novato, pero claro para quien creció viéndolo hacer a sus mayores. El resultado es un textil devocional que parece flotar, casi como si la Virgen hubiera sido revelada con luz.

En Mitla, estas técnicas conviven con otras formas tradicionales como telar de cintura, telar de pedal, bordado a mano y deshilado tipo encaje. Un mismo taller puede producir huipiles, rebozos, manteles y piezas rituales con flores, grecas zapotecas y símbolos religiosos. Pero el filet, de la manta con la Guadalupe, exige tiempo, disciplina y vista fina. “Estamos creciendo en mano de obra desde los textiles, la cura y todo… los jóvenes ya no quieren, pero nosotros aprendemos y lo hacemos. Igual hombre o mujer, igualdad de trabajo”, nos dijo Rodrigo.
De Mitla a Denver, el hilo que conecta dos mundos
La manta forma parte de la colección de textiles reunida por Linda Hanna, investigadora y coleccionista, que encontró en la obra de la familia Hernández Quero un puente perfecto entre fe, estética y técnica. La exposición fue curada por Maruca Salazar, quien destacó el valor patrimonial de este tipo de trabajos. “La belleza es simple y sofisticada. El punto de cruz, el trabajo intenso… esto habla de preservación”, afirmó la curadora. “Estamos perdiendo materiales y técnicas naturales. Esta pieza nos recuerda por qué debemos conservarlas”, dijo.
Salazar invitó a las familias mexicanas a venir y apreciar el trabajo de varias docenas de artesanos mexicanos, de distintas regiones, que hacen un homenaje a la Guadalupe. El Museo de las Américas habilitó la muestra como un espacio de encuentro cultural y espiritual. No se trata solo de ver textiles. El propósito es entrar en diálogo con una tradición que se resiste frente al olvido y la producción industrial. Cada pieza exhibida cuenta algo distinto, pero la manta guadalupana de Rodrigo despierta emoción inmediata.
Un homenaje que también es mensaje
En esa manta, la Virgen no está bordada, está sostenida por el vacío; parece que alguien hubiera decidido no ocupar ciertos puntos. Como la fe, se revela en lo que no se rompe. Rodrigo y Reyna viajaron a Denver para la apertura de la exposición. Hablaron tímidos, pero emocionados, frente al público que aplaudió largo. Para ellos, la manta no es solo arte. Se trata de un agradecimiento y una promesa. Un recordatorio de que lo heredado debe compartirse, enseñarse, no guardarse en un baúl.
Su taller en Mitla continúa activo. Hijos, sobrinos, vecinos van entrando y saliendo, aprendiendo a tensar la malla, a reconocer cuándo un hilo está demasiado delgado o cuándo una puntada debe rehacerse. Nadie sabe cuántos jóvenes más tomarán el relevo, pero mientras Rodrigo y Reyna sigan sentados frente al tejido, la Virgen de Guadalupe seguirá bendiciendo su mesa de trabajo.
Visitar la exposición es una oportunidad para observar la devoción transformada en arte y, quizá, para entender que un textil no solo cubre, sino también cuenta.
Rodrigo lo resume mejor que nadie: “Que no se pierda el trabajo. Que se siga haciendo. Eso es lo importante”.



