Por Roxana de la Riva / La Prensa de Orlando
María Espinoza Alvarado, de 61 años, campesina originaria de Guerrero, México, se esfuerza día a día para salir adelante junto a muchos otros trabajadores, en su mayoría mujeres y también mexicanas, en Florida. Encontró en el canto un refugio para seguir trabajando y recientemente enfrentar el miedo ante un encuentro con ICE (Agencia de Control de Inmigración y Aduanas).
“Canto para no llorar”, relató conmovida mientras trabaja en los campos, donde, junto a sus compañeros, cosechan y siembran los productos de temporada: ahora chile poblano, y a principios de año fresas y otros cultivos agrícolas.

Ella trabaja en la plantación Pepper & Berry Farm, ubicada en Plant City, uno de los centros agrícolas más importantes de Florida. La producción depende casi por completo de la mano de obra migrante, fundamental para mantener los campos sembrados y evitar que las cosechas se pierdan. Las fresas, los tomates y los chiles poblanos son solo algunos de los cultivos que sostienen la economía local y abastecen los mercados de toda la región.
Espinoza Alvarado llegó a Estados Unidos en 1977 y se estableció en Florida en 1993. Desde 2008, trabaja sin documentos en el campo, donde se ha hecho conocida por entonar canciones que narran la vida de los campesinos inmigrantes mientras recoge chiles poblanos. Pese a la reciente pérdida de su hija y a cuidar a su hijo con asma, continúa laborando con valentía, aferrándose al canto como forma de mitigar su dolor.
Con la cercanía del Día de Acción de Gracias, Isaret Jeffers, fundadora de Colectivo Árbol distribuyó junto a un grupo de voluntarios, pan, frutas, verduras, ropa y organizaron una clínica médica móvil, con la ayuda de Crystal Longoria, enfermera practicante familiar certificada de Tampa.

Colectivo Árbol nació en 2017, tras el huracán Irma, para brindar apoyo a comunidades afectadas en Lake Placid. También se ha convertido en una organización defensora incansable de los trabajadores del campo en Tampa y otras comunidades agrícolas de Florida.
Con su labor constante, no solo brinda apoyo material, sino que también lleva un mensaje de esperanza y gratitud a quienes día a día trabajan la tierra para que los productos lleguen a las mesas de miles de familias. Este gesto, en medio de tiempos difíciles y bajo la constante preocupación por la persecución a inmigrantes, se convierte en un recordatorio del valor y la resiliencia de los trabajadores agrícolas.
Jeffers ha observado que el temor entre los campesinos se ha intensificado con nuevas directrices federales que instruyen a ICE a continuar redadas en granjas, ranchos y lecherías en todo el país.
Dos trabajadoras agrícolas mexicanas, Estefanía Carrasco y Generosa López, relataron cómo enfrentan jornadas largas recogiendo poblano en Plant City. “Aquí hay muchísima gente del campo. Se siembran chile poblano y fresa. La mayoría somos trabajadores inmigrantes, porque somos quienes hacemos este trabajo”, dijo Carrasco.

Sin embargo, agregó que la constante presencia de la policía y de ICE ha generado miedo en la comunidad. “Mucha gente ya no quiere ni salir. No puedes ni ir a la tienda… es duro”, señaló.
Según las autoridades, el enfoque es en trabajadores agrícolas e inmigrantes con antecedentes penales, pero Jeffers aseguró que incluso quienes tienen papeles válidos se sienten nerviosos tras ser revisados por oficiales: “Yo les digo: asegúrense de llevar sus papeles, usen las direccionales y deténganse en todos los altos”.
Francisca Ríos, voluntaria de Colectivo Árbol, explicó que los operativos ahora se ubican cerca de entradas a fincas o negocios, y que los trabajadores se alertan entre sí sobre la presencia de agentes: “‘Tengan cuidado’, ‘ya están ahí’… Esto ocurre casi todos los días”, comentó. Incluso en operativos recientes frente a escuelas, algunas personas fueron detenidas para revisión de documentos, generando alarma entre los inmigrantes.
Los agricultores advierten que estos trabajadores son esenciales para mantener el suministro de alimentos en Florida. Sin ellos, muchos productos no llegarían a los estantes, subrayando la dependencia de la mano de obra migrante en Plant City.
Pese a la tensión y al miedo, la rutina continúa para Carrasco, López y cientos de jornaleros que enfrentan largas jornadas entre cosechas y vigilancia constante. “Aquí se trabaja o no se come”, concluyó Carrasco.



