Por Roxana de la Riva / La Prensa de Orlando

Entre trajes coloridos, zapateados, tambores, máscaras artesanales y música que evoca montañas, playas del Caribe y selvas de América Latina, los latinos en Orlando encuentran en el baile folclórico una poderosa manera de mantener viva su cultura.

Por ejemplo, cada fin de semana, el grupo de baile Yo Amo la Danza se presenta en iglesias, escuelas y festivales locales, llenando estos espacios de ritmos tradicionales gracias al talento de este grupo ecuatoriano perteneciente a la parroquia San Isaac Jogues.

“Yo he bailado desde el año 2000”, cuenta José Álvarez, director del grupo ecuatoriano Yo Amo la Danza. “Este grupo nació dentro de la parroquia. Tenemos siete años trabajando y nos presentamos en festivales y donde nos invitan. Tenemos presentaciones todos los fines de semana hasta noviembre”.

Danzas ecuatorianas
Grupo de baile ecuatoriano Yo Amo la Danza se presenta en iglesias, escuelas y festivales locales. / Credit: La Prensa de Orlando

En sus coreografías, los bailarines representan las cuatro regiones de Ecuador, como son la costa, la sierra, el oriente y la península. “Hay un personaje con máscara que representa al aya uma, un danzante que celebra la cosecha y da energía al pueblo para salir a trabajar. Cada paso tiene un significado; es parte de nuestra historia”, explicó Álvarez.

A su lado, Vanessa Estrella, una de las bailarinas principales, destaca que los pasos transmiten cultura, así como los trajes. “Todo lo que ves aquí —los bordados, los colores, las flores— es parte de nuestra herencia indígena. Aunque pesan mucho, los usamos con orgullo porque representan quiénes somos”, aseveró.

La danza como puente cultural entre generaciones

En otra esquina de la ciudad, se encuentra la doctora Gizela Maldonado, directora del grupo México Lindo, quien celebra el décimo aniversario de su academia folclórica.

Soy médico veterinario patóloga, pero el baile es mi otra vocación”, dice entre risas. “Bailo desde la primaria y cuando llegué a Estados Unidos decidí formar una academia para mantener viva nuestra cultura”.

Grupo vestido con trajes tradicionales
La danza es un puente cultural entre generaciones. / Credit: La Prensa de Orlando

Los integrantes de la academia México Lindo celebran sus raíces con orgullo y pasión. Más allá del escenario, cada presentación es una declaración de identidad, un mensaje de que “seguimos aquí” en medio de un país diverso, donde muchas veces las segundas generaciones se alejan de las costumbres de sus padres.

“Tengo dos hijas nacidas aquí y soy el último eslabón entre ellas y México. Si no les enseño nuestras tradiciones —la música, las fiestas, el idioma— se pierden. El folclor es una manera de mantener ese vínculo, de que no olviden de dónde venimos”, expresó Maldonado.

El grupo México Lindo no sólo reúne a mexicanos, sino también a latinos de distintos países.

“Invitamos a todos los que quieran vibrar con la música. No solo es bailar; es construir comunidad. Muchos de nuestros niños no conocen México, pero cuando se ponen un traje típico y suenan los sones, sienten orgullo. Eso no tiene precio”, dice la coreógrafa mexicana.

Unidos por el arte y la identidad

“Aquí en Orlando hay muchos ecuatorianos, pero también hermanos de Venezuela, Colombia, Perú y México”, dice José Álvarez.

Tanto Álvarez como Maldonado coinciden en que el folclore une más allá de las fronteras. En los ensayos y presentaciones se mezclan acentos, historias y sueños.

“Cuando bailamos juntos, sentimos que el sueño de Bolívar se hizo realidad; somos una sola familia latinoamericana”, agregó Maldonado.

Las anécdotas abundan. Álvarez recuerda una presentación en una escuela secundaria donde los estudiantes, de distintas nacionalidades, no pudieron resistirse y terminaron bailando junto al grupo. “Fue una locura. Todos gritaban, hombres y mujeres, felices de ver algo tan colorido y distinto. El director tuvo que encender las luces para calmar al público”, relata entre risas.

En tiempos donde muchos inmigrantes viven con miedo o se sienten aislados, estos grupos folclóricos ofrecen un espacio de orgullo y pertenencia.

“Cada vez que subimos al escenario, representamos a millones que están sin voz, que tienen miedo”, reflexiona Maldonado. “Les damos un poquito de esperanza y alegría. Mostramos la mejor cara de nuestros países: el color, la fuerza, la alegría y el amor por nuestras raíces”.

Con cada zapateado, giro y sonrisa, los bailarines latinos de Orlando demuestran que la cultura no se olvida; se transforma, se comparte y se celebra.

“El sueño de Bolívar está vivo en este país”, concluye Maldonado. “Aquí, entre bailes y sonrisas, somos una sola América Latina”.

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