Por Jorge Luis Macías

El programa piloto llamado Modelo de Respuesta a Crisis sin Armas (UMCR) se está convirtiendo poco a poco en la respuesta adecuada de expertos de salud mental que no portan armas, en lugar de oficiales del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD), quienes no tienen ese tipo de entrenamiento y, en numerosas ocasiones se han involucrado en tiroteos fatales.

Durante el último año, Los Ángeles ha experimentado con un programa que envía civiles desarmados especialmente entrenados a ciertas llamadas hechas a la línea de emergencia 911. Esto permite a los agentes del LAPD concentrarse en las tareas tradicionales de patrullaje.

Los esfuerzos para reducir la dependencia de la policía armada en las respuestas de emergencia existen desde hace años en todo el país, con la aparición de programas nuevos desde 2020, impulsados ​​por un movimiento nacional para reorientar la financiación de las fuerzas del orden tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en Minneapolis.

Investigadores han rastreado más de 100 programas de este tipo en Estados Unidos.

En septiembre de 2024, la Oficina de Matthew W. Szabo, Oficial Administrativo de la Ciudad de Los Angeles (CAO) y la Oficina de la alcaldesa Karen Bass realizaron una encuesta a los Representantes del Servicio Policial (PSR) en la División de Comunicaciones del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD).

El programa UMCR es ofrecido por tres proveedores de servicios contratados: Exodus Recovery, Inc., Alcott Center y Penny Lane Centers. Es uno de los dos programas que las autoridades municipales están implementando.

Existe también otro, llamado CIRCLE, opera desde la alcaldía con su propio centro de llamadas y áreas de servicio.

Programa CIRCLE: “Se están salvando vidas”

“En el último año fiscal, el programa CIRCLE, que opera las 24 horas del día, los 7 días de la semana, ha colocado a cientos de personas en viviendas temporales, ha ayudado a más de 1.600 a obtener documentos vitales y ha referido a más de 1.000 a servicios de salud mental y conductual”, declaró la alcaldesa Karen Bass a La Opinión.

“También atendió más de 14.000 incidentes, demostrando que está salvando vidas”, añadió. “Los equipos, formados por trabajadores con experiencia vivida y apoyados por consejeros de salud mental, brindan respuestas rápidas y efectivas, incluso ante casos de sobredosis, mostrando que soluciones humanas, efectivas y compasivas son posibles en nuestra ciudad”.

Programa UMCR: una respuesta profesional a situaciones de salud mental

A través del programa UMCR se atendieron más de 6.700 llamadas, ahorrando al LAPD casi 7.000 horas de patrullaje al desviar incidentes no violentos de salud mental y disturbios hacia los profesionales de salud mental. Solamente el 4,1% de esas llamadas requirieron la presencia de la policía. La mayoría de esas llamadas eran relacionadas a la verificación del bienestar de las personas, reportes de intoxicación en público y exhibicionismo.

Dicho programa se compone de equipos de médicos clínicos, trabajadores sociales, trabajadores comunitarios y terapeutas certificados que trabajan en parejas, respondiendo llamadas las 24 horas, los siete días de la semana.

Los trabajadores sociales realizan visitas de seguimiento después de ciertas llamadas y ofrecen servicios especializados a las personas dispuestas a aceptarlos, incluyendo tratamiento de salud mental y programas de rehabilitación de drogas.

La carga de trabajo promedio son aproximadamente 40 llamadas diarias, una fracción de lo que gestiona el LAPD.

“Hay dos cosas muy importantes: Todos sabemos, incluido el Departamento de Policía de Los Ángeles, que simplemente [ellos] no están capacitados para lidiar con cada escenario [de crisis de salud mental] cuando reciben una llamada al 911”, declaró Godfrey Plata, subdirector de LA Forward, un grupo de angelinos unidos para construir el poder progresista en Los Ángeles.

Los equipos civiles desarmados de médicos clínicos y trabajadores sociales responden las 24 horas del día, los siete días de la semana a casos de crisis de salud mental, pero no atienden casos que involucren armas, menores o necesidades médicas urgentes.

“El Modelo de Respuesta a Crisis sin Armas ha demostrado en su primer año que las soluciones con un enfoque de cuidado funcionan. Este programa desvía miles de llamadas de emergencia no violentas de la LAPD, brindando apoyo compasivo a las personas en crisis y evitando intervenciones innecesarias que pueden poner vidas en riesgo”, dijo en un comunicado la concejal Eunisses Hernández, copresidenta de un comité del ayuntamiento de Los Ángeles sobre respuestas sin armas.

“Además, cuesta casi la mitad que enviar a la policía —alrededor de $35 por llamada frente a $85— lo que significa que ahorramos dinero mientras fortalecemos la seguridad pública. Este modelo salva vidas, ahorra recursos y muestra el futuro de una Los Ángeles más justa y segura.”

Respuesta correcta de profesionales

A partir de febrero de 2025, la alcaldía y el CAO implementaron la capacitación regular en la División de Comunicaciones del LAPD. Estas sesiones contaron con personal desarmado en respuesta a crisis para garantizar la familiarización y el apoyo continuo.

El servicio UMCR, cumple esa función: desvía las llamadas al 911 cuando se requiere la respuesta correcta de profesionales de la salud mental que no portan armas. Funciona en la actualidad en las estaciones Devonshire, Wilshire y Southeast, y se ha extendido a West Los Angeles, Olympic y West Valley.

Además de que salva vidas, el programa ahorra dinero a la ciudad de Los Ángeles, dijo Godfrey Plata: “Cuando se desplaza un equipo de dos personas de la UMCR a un incidente, a la ciudad le cuesta $35 de los contribuyentes, pero si seguimos enviando al LAPD, que no está capacitado para atender esa necesidad, a los contribuyentes nos cuesta $85”.

El informe señala que los resultados son alentadores: «Cuando se despliegan [civiles desarmados] ante llamadas de servicio no violentas ni urgentes, se ha demostrado que los equipos de respuesta a crisis desarmados minimizan el riesgo de escalada y abordan emergencias críticas de salud mental priorizando la compasión y la seguridad», señala el informe.

Un caso testigo: la historia de “Liz”

El personal de respuesta de UMCR fue llamado para atender el reporte de una mujer, «Liz», que se comportaba de forma errática en un edificio de apartamentos.

Al encontrar la puerta de su apartamento abierta, le preguntaron amablemente si necesitaba ayuda y, con su consentimiento, entraron para brindarle apoyo.

Dentro del departamento, los profesionales de salud mental notaron frascos de medicamentos vacíos y señales de una posible sobredosis.

Durante su evaluación, descubrieron dos estufas de gas encendidas sin llama, lo que indicaba una posible exposición al monóxido de carbono, que afectaba tanto a Liz como a los socorristas.

Ellos actuaron rápidamente para ventilar el espacio, recuperar suministros médicos adicionales y contactar al Departamento de Bomberos de Los Ángeles (LAFD) para obtener apoyo.

Cuando Liz intentó irse, el personal de respuesta de UMCR enfatizó la importancia de atender su salud y seguridad.

Tranquilizaron a Liz en un trabajo conjunto con el LAFD, y ella aceptó finalmente la atención hospitalaria y recibió la ayuda que necesitaba,

Cuando las crisis de salud mental terminaron en fatalidades

En marzo, la familia de Linda Becerra Morán, una mujer transgénero que fue abatida a tiros por parte de agentes del LAPD, demandó a la policía y a la ciudad, por la presunta muerte ilegal e injustificada de la chica.

Según la policía, agentes de la División Foothill del Departamento de Policía de Los Ángeles acudieron tras recibir informes de un posible secuestro dentro del motel.

Sin embargo, familiares de Becerra Morán afirmaron que ella llamó al 911 porque era víctima de tráfico y abuso sexual y físico por parte de un proxeneta.

El incidente ocurrió el 7 de febrero y 20 días después falleció en un hospital. Becerra Morán tenía un cuchillo en sus manos con el que intentó dañarse a sí misma y con el mismo agredió a distancia a los policías.

El 2 de mayo de 2024, agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) respondieron a llamadas de ayuda para Yong Yang, de 40 años, en el apartamento de sus padres en Koreatown, quien atravesaba una crisis de salud mental. A los 10 segundos de la entrada de los agentes a su hogar, el agente Andrés López le disparó tres veces.

Este no fue el primer tiroteo de López con un agente involucrado. En 2021, López disparó e hirió a Nakiea Brown, un hombre con problemas mentales, frente a la comisaría de la División Olympic del LAPD. El hombre manejaba con su mano lo que resultó ser una réplica de pistola.

En abril de este año, la Junta de Comisionados de Policía de Los Ángeles votó a favor de exigir a los agentes del LAPD Andrés López y al sargento Ruvalcaba-Guerrero, que acudieron al lugar de los hechos, que se sometan a un informe táctico.

Un informe táctico es una revisión del incidente que identifica dónde las decisiones fueron «efectivas» o «podrían haberse mejorado», según la política del LAPD.

El policía Andrés López también recibió un dictamen oficial de desaprobación administrativa por parte de la comisión, lo que da lugar a una «revisión colectiva del incidente», según la política del departamento. Su «exhibición y exhibición de un arma de fuego», así como los disparos que mataron a Yong Yang, se consideraron conformes a la política del departamento.

Las decisiones de la comisión se basaron en un informe con recomendaciones del jefe del LAPD, Jim McDonnell. En su informe, McDonnell escribió que “se identificaron áreas donde se podrían realizar mejoras” y que habrá un “informe exhaustivo” del tiroteo.

En lo que va de este año, agentes del LAPD han disparado a 27 personas. Al menos un tercio de esos incidentes involucraron a alguien que atravesaba una crisis de comportamiento, según un análisis de Los Angeles Times de los informes de incidentes y entrevistas con las familias de las personas baleadas.

La Opinión fue fundada en 1926 en Los Ángeles, California, para brindar noticias e información diaria a la creciente población hispana de la región, una audiencia muy activa, involucrada y comprometida.